Ese borrón sonriente soy yo

en la boda de mi mejor amiga a la que llegué tarde. Luego te hablaré de ello.

Pero antes debo explicarte que no estoy aquí para decirte que mi objetivo es que consigas un vientre plano y que fortalezcas tus glúteos sin dieta y sin restricciones, con mis 300 años de formación especializada en mujeres y mis 500mil clientas que lo corroboran. Ah, y cómo no, que te quieras tal y como eres, que yo he estado en tu lugar y te entiendo.

No lo veo serio.

Antes quizás. Ya no. Todo el mundo te dice lo mismo, pero aquí estás, probablemente después de otros intentos.

Yo simplemente trabajo en el sector del fitness desde 2014 y me dedico a crear programas y cursos para que las mujeres se sientan muy sexys y ambiciosas.

Ese es mi trabajo.

¿Suficiente? ¿Insuficiente? ¿Políticamente correcto? 

Ni idea. Depende.

Lo de que te quieras tal y como eres… La verdad es que no lo pienso. No te voy a engañar. El conformismo no va conmigo.

¿Por qué te cuento todo esto?

Porque soy ese tipo de persona a la que le pasan cosas inoportunas y comprometidas.

Cuando voy tarde a algún sitio. En el último momento. Cuando ya no puedo solucionarlo.

Cosas que se van encadenando unas con otras.

Como en la boda de mi mejor amiga.

Llegué a Málaga después de varias horas en coche. 

Como tenía ese viaje preferí no ir a la peluquería y peinarme yo misma en el hotel. Lo vi fácil a pesar de que no me he peinado en mi vida.

Estuve dos horas intentando, sin ningún éxito, hacerme unas hondas cubriendo el baño con mechones de pelo chamuscado.

Hasta que miré la hora.

Tenía 30 minutos para arreglarme un poco el pelo, maquillarme, vestirme, terminar de preparar todo y llegar al convite.

Cuando por fin terminé, faltando 5 minutos para que llegasen los novios, y estando a 10 minutos en coche del lugar, salí corriendo en chanclas, tacones en mano. Mano donde debía haber un bolso. Así que tuve que volver a por él. 

Después de perdernos por el camino, conseguimos llegar lo suficientemente pronto y lo bastante tarde como para ver a los novios desde lejos bajar del coche y entrar en el recibidor donde todo el mundo los esperaba.

Aparcamos el coche al principio de una enorme y empinada cuesta abajo. Me puse los tacones y pretendí salir corriendo, y una de las tiras que sujetaba el zapato a mi pie se despegó.

Finalmente, aparecí en el lugar tras los novios, con el pelo encrespado y cojeando, bajo la atenta mirada de los invitados y con mi novio recordándome, a modo de riña, lo demasiado habitual que era eso en mí.

Sonreí, me reí, me reí mucho más, y lloré de alegría al ver lo deslumbrante y mágica que estaba mi amiga.

Mira.

No me preocupaba llegar sin arreglar, mal vestida o tarde y que todo el mundo me mirase, sólo me preocupaba perderme aquel día tan especial.

La vida te pone obstáculos constantemente, obstáculos absurdos y obstáculos importantes. Yo sólo quiero poder superar la vida sin perderme ningún momento, con intensidad y emoción, siendo todo lo feliz que pueda esté donde esté. Y como esté.

Y acabo.

La mayoría te hablan de lo bueno que es entrenar para tu salud, que vas a vivir más y mejor. Que eso mejora tu autoestima, aunque debes aceptarte como eres, y que no debes obsesionarte con el físico que eso ya llegará.

A mí todo eso me da igual. Entrenar es bueno para lo que tu quieras.

Para tener sexo o para ser mejor que tu prima con la que siempre te compara tu abuela.

Para darle en los morros a tu ex o como yo, para poder salir corriendo si intentan robarme.

Para lo que sea.

Yo sólo quiero que elijas tu motivo y te pongas a entrenar. Y ya que estamos, ya que nos ponemos, pues lo hacemos bien y conseguimos un cuerpazo con el que nos sintamos sexys y atractivas.

Te lo resumo.

Soy entrenadora. Eso se me da bien.

Otras muchas cosas no.

Tengo problemas y contratiempos de la vida.

Me gusta el “silencio” de la naturaleza, abrazar a Manuel y que mi perra se duerma conmigo la siesta.

Pero lo que más me gusta es vivir. Simplemente.

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Y sigues viviendo.