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La entrenadora Lidia Poza revela el error al entrenar el abdomen

Según publica Women's Health, la entrenadora Lidia Poza señala un fallo recurrente al trabajar el abdomen: entrenar para que se vea en vez de para que funcione.

La entrenadora Lidia Poza revela el error al entrenar el abdomen

Un core marcado y un core competente no son lo mismo, y la diferencia se nota en todo lo demás: en la sentadilla, en la carrera, en la bolsa de la compra. Si buscas fuerza útil, conviene revisar qué estás entrenando de verdad.

El error de fondo

La mayoría de planes de abdomen repiten el mismo gesto: flexión del tronco, una y otra vez. Eso solo recluta una función del core, la flexión. Pero el abdomen tiene otras misiones igual de decisivas: estabilizar la columna, transferir fuerza entre el tren superior y el inferior y controlar el movimiento bajo carga.

Lidia lo resume sin rodeos: mucha gente confunde tener abdominales con tener un core estable. Un core competente no se construye moviendo más, sino aprendiendo a resistir el movimiento cuando corresponde. Ahí está el matiz técnico que separa un abdomen estético de un abdomen funcional.

Qué trabaja realmente el core

El core engloba la musculatura que rodea la zona central: abdominales, oblicuos, musculatura profunda y músculos de la espalda. Cuando entrenas únicamente la flexión, dejas fuera dos patrones clave: la estabilidad lumbar y la antirrotación, es decir, la capacidad de impedir que el tronco rote o se desplace cuando las extremidades sí se mueven.

En gestos cotidianos y deportivos, levantar peso, correr, saltar, esto se nota. Si el core no estabiliza, la pelvis se descompensa, la zona lumbar compensa y llegan las molestias a medio plazo. La pregunta que lanza Lidia al inicio del reportaje resume el planteamiento: ¿Entrenas para que se vea o para que funcione?.

Aplicación práctica: la Shield Core

La entrenadora plantea un circuito de seis ejercicios, bautizado como Shield Core, centrado en estabilidad. La lógica no es sumar repeticiones rápidas, sino controlar cada movimiento y mantener la posición bajo control. Dos ejercicios que ilustran el método:

Dead bug. Boca arriba, piernas elevadas con rodillas a 90 grados, brazos estirados al techo. Desde ahí, extiende lentamente una pierna y el brazo contrario, acercándolos al suelo sin llegar a apoyar. Vuelve y cambia de lado. La condición es clara: la zona lumbar no debe arquearse. Si se arquea, reduce el recorrido. "Lento es mejor", señala Lidia. La velocidad mata el control.

Bird-dog. A cuatro apoyos, manos bajo hombros y rodillas bajo caderas. Estira a la vez un brazo y la pierna contraria hasta alinear el cuerpo. Regresa despacio y cambia de lado. El reto: que la cadera no oscile de un lado a otro. "Sin que baile la cadera", apunta la entrenadora. Imagina un vaso de agua sobre la espalda y mantenlo nivelado.

Antes de añadir otra serie de crunches, decide qué quieres entrenar: movimiento del tronco o estabilidad del tronco. Si tu abdomen no aguanta estable bajo carga o en gestos unilaterales, el déficit no se resuelve con más flexiones. Se resuelve con ejercicios que obligan al core a no moverse mientras las extremidades sí lo hacen. Incorpora dos o tres patrones de antirrotación y estabilidad por sesión, controla la velocidad y olvídate de la cuenta rápida. El abdomen fuerte es el que sostiene, no el que marca.